LA
CONCEPCIÓN DE SOCIALISMO
A PARTIR
DEL PROCESO REVOLUCIONARIO RUSO
Simoni Nascimento
La
desintegración del “socialismo real” llevó a la mayoría de la izquierda a
abandonar la perspectiva revolucionaria para la construcción de una nueva
sociedad, creyendo en la posibilidad de su construcción a través de reformas;
es decir, considerando imposible la
superación del orden capitalista. Uno de los motivos para ese comportamiento se
habría originado de la necesidad de separar la imagen antidemocrática que había
sido proyectada del socialismo en sus experiencias europeas, asiáticas e,
inclusive, americana (Cuba).
Las experiencias
históricas realizadas a partir de la construcción del Estado Soviético,
presentaron como condición para hacer efectivo el proceso revolucionario la
oposición entre socialismo y libertad. Esas experiencias atribuyeron al Estado un papel central en la
conducción del proceso, sin el cual, se pensaba, sería
imposible
vencer los ataques lanzados por el capital y al mismo tiempo, organizar la
producción.
Las condiciones
concretas de Rusia, no sólo impidieron la construcción de una sociedad
emancipada, sino que también provocaron un cambio en la concepción de
socialismo, separándolo del pensamiento marxista.
Mientras
convulsiones revolucionarias ocurrían en Europa en el siglo XIX, especialmente
en Francia, Rusia permanecía al margen de esos acontecimientos. Allí el Antiguo
Régimen sobrevivía sólidamente. El poder concentrado en el zar y los nobles propietarios
de tierras revelaba un movimiento contrario al que ocurría en Occidente. El
estado autocrático, compuesto por una burocracia rígida y corrupta y por una
aristocracia retrógrada que dominaba el ejército y el servicio público, agravaba
la situación, tanto al poner trabas al desarrollo del capitalismo como al
reprimir violentamente las manifestaciones populares.
La llegada de la
gran industria en Rusia, exigía nuevas formas de opresión, formas más
disimuladas que la esclavitud, pero no menos violentas o eficaces. Rusia era un
país de 150 millones de habitantes, donde sólo diez millones formaban la clase
obrera, y 4/5 partes de la población vivían de subsistencia. Un país cuya
extensión territorial exigía un eficiente sistema de defensa militar y ni
siquiera poseía un sistema de comunicaciones competente. En este país la fusión
del capital bancario con el industrial, determinó que el 40% del capital fuera
extranjero.
La ascensión del
capitalismo europeo y su inserción en Rusia, provocaron transformaciones socio-económicas
que amenazaban el Imperio. Mientras las guerras agravaban el problema de la burocracia y de la corrupción,
revelaban también la incapacidad del gobierno para mantener el orden y la
estabilidad financiera. La Primera Guerra Mundial aceleró las contradicciones
internas. La divergencia entre la máquina estatal y la iglesia con la
intelectualidad y las masas; la censura oficial persiguiendo a los Cadetes; la desobediencia civil y
militar y, principalmente, la insatisfacción con el envolvimiento en la Gran
Guerra, fueron los acontecimientos que marcaron el inicio del siglo XX en
Rusia y precipitaron la tomada del
poder en febrero de 1917.
La abdicación del
Zar dio lugar al Gobierno Provisional que llevaba en su discurso promesas de
libertad, convocación de la Asamblea Constituyente y sufragio universal, entre
otras palabras de orden. Una clara
propuesta de reforma de la máquina estatal. Sin embargo, las manifestaciones
continuaban. El Gobierno liberal, aunque hubiera concedido amnistía, no
resolvió las cuestiones centrales. En la “Resolución sobre la Actitud en Relación al Gobierno Provisional”, del 10 de
mayo (27 de abril) de 1917, Lenin considera el
carácter burgués, estrechamente vinculado al imperialismo Ruso y Anglo-Francés
del gobierno provisional. También afirma que no podría cumplir su programa por
someterse a las fuerzas de la contra-revolución burguesa y latifundista, pero
tenía que hacer concesiones, pues temía las presiones pequeño burguesas y
obreras.
Además de no
resolver las cuestiones centrales, este gobierno protegía las ganancias
capitalistas y latifundistas. Del mismo modo, Lenin exhorta a la tomada del
poder por los soviets y la consolidación de sus fuerzas como garantía del poder
proletario.
Sin conseguir
administrar la crisis, sin poder
retirar a Rusia de la Guerra, manteniendo los compromisos asumidos por el
gobierno zarista, el Gobierno Provisional volvió a usar, en vano, la censura y
las prisiones para contener a los manifestantes.
Con el apoyo del
Soviet de Petrogrado, los bolcheviques se fortalecieron. “La ascensión del movimiento revolucionario campesino (...) y la del
movimiento revolucionario de los pueblos no rusos, combinados a un poderoso
crecimiento de las fuerzas proletarias, determinan la posibilidad y la
necesidad (para la continuación de la revolución) de la Insurrección de
Octubre. La victoria de ésta modificó radicalmente las características de la
Revolución Rusa, las condiciones del desarrollo de la lucha de los campesinos
por la tierra y el carácter de clase del poder” (BETTELHEIM, 1976: 84)
Lenin sabía que
en aquel país no había condiciones concretas para la construcción del
socialismo, pero sabía también que una Revolución socialista no era fruto de un
solo país y podía, no en tanto, esperar que la situación de los trabajadores de
Occidente, agravada por la Guerra Mundial y con las fuerzas productivas más
desarrolladas, pudiera responder a los gritos de los obreros rusos y dar inicio
al proceso revolucionario europeo.
Frustrada esta
expectativa. Lenin parte para la construcción del socialismo en su país. La
lucha revolucionaria que siguió como Revolución democrática estaba bajo la
hegemonía del proletariado. La Revolución de Octubre revela una nueva relación
entre las clases. Revela que el proletariado adquirió una fuerza militar decisiva
y que el antiguo orden político fue derrumbado.
El avance de las
masas bajo el liderazgo de los bolcheviques era irresistible. El Partido
Bolchevique, estableciendo lazos de confianza con los trabajadores, se
convirtió en un instrumento de la Dictadura del Proletariado.
Ante la lentitud
y el atraso de las fuerzas productivas, ya mencionados en este texto, uno de
los mayores desafíos enfrentados por los revolucionarios, particularmente por
Lenin, fue reorganizar la producción.
Las primeras
acciones del estado Soviético fueron motivadas por los proletarios y los
campesinos. El 05 de noviembre de 1917, fue abolida la propiedad latifundista
de tierra en el II Congreso de los Soviets, respondiendo así a la alianza
obrero-campesina; asimismo, se recomendaba un riguroso control y salvaguarda de
los antiguos bienes de los latifundistas, de ahí en adelante, patrimonio del
pueblo.
La situación en
las fábricas era todavía más compleja. El hecho de haber algunas experiencias
de control obrero antes de la Insurrección de Octubre, parecía indicar el
camino.
Los obreros,
sufriendo con los boicots promovidos por los industriales, tomaron el control
de las fábricas, crearon comisiones de gestión y administración, determinaron
el ritmo de la producción, establecieron comunicación con otras fábricas
elaborando una red de abastecimiento de materia-prima que no permitía la
paralización de la producción.
Fueron
particularmente significativas las experiencias de los Sábados Comunistas,
resultado de la intervención ideológica de los bolcheviques. En un texto
denominado”Una Gran Iniciativa”, Lenin demuestra la importancia histórica de
estas experiencias y, aunque en otros momentos él señalara la adaptación del
modelo Taylorista de producción como camino para el desarrollo de las fuerzas productivas en Rusia, se revela
un líder atento a las experiencias revolucionarias que se concretizaban.
Movidos por las
necesidades resultantes de la morosidad de la producción y de los constantes
sabotajes de los burgueses que se resistían a la Revolución, los obreros
organizaron Los Sábados Comunistas. Era una forma voluntaria de trabajo creada
por la propia iniciativa de los obreros. Trabajaban principalmente en la
reparación y construcción de las vías y de los medios de comunicación.
Aunque evaluaba
que tales experiencias eran simbólicas, Lenin sabía que no podrían seguir por
mucho tiempo en aquellas condiciones de desarrollo. De hecho, Los Sábados Comunistas
que surgieron entre 1918 y 1921 desaparecieron progresivamente. Entre los
motivos estaban el desarrollo del centralismo administrativo, la multiplicación
de reglamentos, las intervenciones estatales, la penetración de “especialistas”
burgueses en el aparato del Estado. Peor aun, los Sábados Comunistas,
controlados por la burocracia estatal, se convirtieron en obligatorios. La
autodisciplina colectiva fue sustituida por la disciplina impuesta.
En la industria,
la división capitalista del trabajo no fue alterada en su etapa transitoria porque pasaba a Dictadura del Proletariado.
En el campo, la etapa democrática no fue rebasada. El trabajo comunista decae
porque las transformaciones de las relaciones sociales tuvieron un carácter
limitado, determinadas por la fase de desarrollo en que se encontraba Rusia.
La falta de desarrollo
de las fuerzas productivas impidió que el control obrero efectivo fuera más
allá de experiencias temporales. La necesidad de acelerar el ritmo de la
producción, acabó por imponer exigencias al trabajo que solamente podrían ser
respondidas la permanencia del capital que ahora estaba bajo el mando del
Estado.
El Estado
Soviético asume la responsabilidad de establecer las bases sobre las cuales la
sociedad emancipada sería construida.
El control de
los medios de producción tomó una forma
institucional y hacía frente a la precaria economía rusa duramente
afectada por la guerra; al mismo tiempo que se enfrentaba con la falta de madurez
de los propios órganos de control obrero marcados por el corporativismo.
La quiebra del
“comunismo de guerra”, la cuestión sindical y su vinculación con el Estado, la
relación con las masas campesinas y las dificultades de organización de un
Estado con profundas cicatrices causadas por la corrupción y la burocracia,
eran problemas que iban más allá del desarrollo económico, demostraban el
difícil quehacer revolucionario.
En ese contexto
es elaborada la Nueva Política Económica. Considerada un retroceso temporal y
necesario, la NEP era, sobretodo, una maniobra táctica, un reagrupamiento de
las fuerzas que trajeron a Rusia estabilidad y mejoría económica y política.
La NEP permitió
el resurgimiento de elementos capitalistas y Lenin pensaba que controlándolos
era posible usarlos en la construcción de una sociedad socialista.”La NEP continua siendo la palabra de orden
principal, urgente, exhaustiva, del momento (...) la Rusia de la NEP se transformará en la Rusia socialista” (LENIN, 1980-406).
La NEP fue caracterizada por la legalización
de las relaciones de mercado, por la implementación de un ritmo más acelerado
de desarrollo no sólo en la agricultura, sino también en la industria,
incluyendo la industria doméstica donde se creó un estrato de pequeños propietarios
y, sobretodo, en el comercio.
Para Lenin ese
era un retroceso necesario al que el país fue obligado por el atraso en que se
encontraba. Era necesario modernizar al obrero comunista y consecuentemente su
producción. En ese sentido destacamos un nuevo elemento. El estado soviético
pasa a ser responsable, no sólo por las tareas definidas por la Dictadura del
Proletariado sino también por la construcción de las condiciones objetivas para
la implantación del socialismo.
A pesar de su extensión,
la siguiente cita es necesaria para demostrar los caminos de la constitución
del Poder Soviético que, creemos, están lejos del pensamiento marxista en
relación con la Dictadura del Proletariado.
“En comparación con las naciones
avanzadas, el ruso es un mal trabajador. Y no podría ser de otro modo bajo el
régimen zarista y con la vitalidad de los restos del régimen de esclavitud.
Aprender a trabajar –ésta es la tarea que el nuevo Poder Soviético debe poner
en toda su envergadura ante el pueblo. La última palabra del capitalismo en
este aspecto, el sistema Taylor – tal como todos los progresos del capitalismo-,
reúne en sí toda la crueldad de la explotación burguesa, y una serie de
riquísimas conquistas científicas en el campo del análisis de los movimientos
mecánicos del trabajo, la supresión de los movimientos superfluos e inhábiles,
la elaboración de los métodos más correctos, la introducción de los mejores
sistemas de registro y control. La República soviética debe adoptar a cualquier
costo las conquistas más valiosas de la ciencia y de la técnica en este campo.
La posibilidad de realizar el socialismo está determinada precisamente por
nuestros éxitos en la combinación del Poder Soviético y de la organización
soviética de la administración con los últimos progresos del capitalismo. Tiene
que crearse en Rusia el estudio y la
enseñaza del sistema de Taylor, y su experimentación y adaptación sistemáticas. (...)” (LENIN, 1980)
Las condiciones
concretas comprometieron radicalmente la experiencia rusa hacia el socialismo.
Por otro lado, como estaba de acuerdo con la tesis marxista, Lenin procuró
construir las condiciones objetivas necesarias para que el proceso
revolucionario se desarrollara y se consolidara. El Poder Soviético acabó por, contradictoriamente, usar el propio
aparato del Estado para realizar las tareas revolucionarias. Observamos que los
límites objetivos llevaron a utilizar mecanismos de aceleración, registro y
control de la productividad dentro del modelo capitalista, de la forma de trabajo
alienado, esbozado a través del sistema de Taylor.
Aunque Lenin
hable en adaptación, tales medidas son contrarias a lo que defiende en su
teoría de Estado. En ella afirma que del estado burgués no puede restar
absolutamente nada, su determinación impide que sus aparatos sean utilizados
hacia la superación. El Estado burgués debe ser totalmente destruido.
Queremos señalar
que el alejamiento del pensamiento marxista en la construcción del Estado
Soviético fue determinado por las condiciones históricas que precedieron y
acompañaron el proceso revolucionario ruso. Por lo tanto, no está relacionado
sólo a la cuestión democrática, ya que la centralización de la dirección en el
Estado fue provocada, como vimos, por el atraso de las fuerzas productivas, por la guerra y por el hambre, entre otros
factores. Tal estado de necesidad exigía transformaciones e intervenciones
urgentes imposibilitando la supresión de clases, haciendo adoptar a la clase
dirigente, a través de una nueva
burocracia, el control y vigilancia de las tareas inmediatas presentadas por la
Revolución.
El mundo real se
separó del mundo pensado El esquema teórico de Lenin falló. La confianza de
este líder en al victoria del socialismo estaba relacionada a la victoria de la
revolución en Occidente, de la cual la tomada del poder por el proletariado
ruso sería apenas el primer acto.
La revolución
mundial fue postergada. Era necesario fortalecer el Estado proletario ruso,
pues este sería el modelo y la fuerza militar capaz y dispuesta a apoyar las luchas
del proletariado internacional.
El impacto y
fuerza de la victoria de la Revolución Rusa sirvieron para que el capitalismo
reforzara su acción en áreas vitales (países desarrollados, especialmente, de
Europa y Japón) rompiendo el esquema de la Revolución Mundial. Al mismo tiempo
su magnitud y “la impresión producida por
la realidad del primer poder proletario de la Historia era suficientemente
deslumbrante para velar las
contradicciones entre la nueva situación y los viejos esquemas teóricos” (Claudín,
1985, 64)
La interrupción
en el proceso revolucionario europeo hace surgir otras necesidades para que se
mantenga el poder político en la Rusia Soviética.
“El peligro comienza en el momento en que
haciendo de las necesidades virtudes, ellos (Lenin y los bolcheviques) crearon
una teoría a partir de la táctica impuesta por estas condiciones fatales (las
de la Rusia de entonces), pretendiendo recomendarlas al proletariado
internacional como modelo de la táctica socialista” (Luxemburg Apud
Coutinho, 1985:54)
El alerta
señalado por Rosa Luxemburg y otros al respecto de la no universalidad de la
Revolución Bolchevique, no fue suficiente para evitar una confusión entre los
conceptos bolchevismo y comunismo. La fuerza de la experiencia rusa y su
posterior difusión marcaron el concepto de socialismo en el siglo XX.
Los equívocos
derivados, como vimos, no son meras cuestiones teóricas, sino expresiones de
una realidad social. Ante las circunstancias revolucionarias rusas, la
Dictadura del Proletariado además de promover la destrucción completa del
antiguo orden político, debería construir un Estado completamente nuevo
orientado hacia la acción educadora del
Partido.
Al asumir ese
papel, el Estado soviético resuelve el dilema libertad o igualdad definiéndose,
aparentemente, por la segunda. Los mecanismos usados por el Estado para la
construcción y mantenimiento de la supuesta igualdad, van a permitir el
aparecimiento de un paradoxo, socialismo autoritario.
Al redefinir el
papel del Estado, Lenin esperaba construir las bases para una posterior
sociedad emancipada. O sea, las condiciones concretas lo condujeron al
desplaziamiento de la centralidad del
trabajo a la centralidad de la política En su último artículo, Lenin hace una
crítica al papel del Estado revelando las dificultades de la opción tomada.
“Hace ya cinco años que nos agitamos para mejorar nuestro aparato de Estado, pero
precisamente no ha sido más que eso, una agitación, que en cinco años demostró
su ineficacia, o realmente su inutilidad o su nocividad. Esa agitación nos daba
la impresión de trabajo, pero en realidad, obstruía nuestras instituciones y
nuestros cerebros”(Lenin,1980c:672)
Aunque la Revolución Rusa haya sido objeto de
estudio a lo largo de los años, la mayoría de las críticas a aquel modelo queda
restricta a la cuestión democrática, retirando del foco de atención el proceso
histórico o mencionándolo sólo para ilustrar la supuesta oposición entre
socialismo y democracia.
Un presupuesto
fundamental del pensamiento marxista es el trabajo como fundamento del ser
social, esto es, como acto fundador de la existencia humana. Es por el trabajo
que el hombre realiza el intercambio orgánico con la naturaleza,
transformándola y transformándose así mismo.
Por lo tanto, el hombre es resultado de la actividad de los propios hombres. Es
a partir del trabajo que se estructura cualquier tipo de sociedad.
Para Marx la
erradicación de una forma de sociabilidad sólo ocurre cuando otra forma de
trabajo es establecida.
La relación
básica del modo de producción
capitalista es la propiedad privada de los medios de producción, la compra y
venta de fuerza de trabajo que atiende la lógica expansionista del capital,
produciendo enormes desigualdades sociales. De esto se desprende que es imposible construir una sociedad
humana sobre la base del capital.
De la misma
manera que la base del capitalismo es el trabajo asalariado, bajo cualquier
forma que se presente (salarios, pagos por pieza, jornadas, etc.) la base del
socialismo es el trabajo asociado, cuya característica principal es el control
conciente y colectivo de los productores sobre el proceso de producción. Así,
los hombres dirigen el proceso de producción y no los productos.
Por lo tanto,
para que haya trabajo asociado,
efectivamente libre, es imprescindible el desarrollo de las fuerzas
productivas.
Podemos observar
que la implantación del trabajo asociado y, por lo tanto del socialismo, no es
y no puede ser una cuestión jurídico-política “no se supera la propiedad privada pasando las fábricas, las tierras, los
bancos, etc., para las manos de los trabajadores. Su superación sólo se dará,
de hecho, en la medida en que fuera instaurado el trabajo asociado, es decir,
otra forma de producción” (Tonet, 2002:19)
A medida que los
hombres dirigen la producción de riquezas, son libres para decidir sus
destinos. Por lo tanto, no hay oposición entre socialismo y libertad, al
contrario, la segunda solamente podrá ser real bajo la regencia de la primera.
Sin el trabajo asociado no hay socialismo, no podemos, por lo tanto, considerar
que los cambios político-económicos ocurridos en Rusia constituyeron socialismo,
pues no hubo trabajo asociado.
La caída de las
experiencias soviéticas en el mundo llevo al descrédito las posibilidades
históricas del socialismo. Tal relación, fruto de una determinación social, es
fundamentada en una enorme serie de equívocos que aquí exponemos. No existían
condiciones objetivas para la construcción de una sociedad emancipada, hecho
que Lenin observó no solo en su país, sino en una coyuntura más amplia.
La política
centralizada promovió enormes distorsiones teórico-practicas en el proceso revolucionario
ruso y sus efectos también se extendieron a las manifestaciones de la actual
izquierda. Actualmente, la crítica al llamado Socialismo real, en la mayoría de
las veces, no va más allá de la cuestión política, dejando de lado la cuestión
central del socialismo para Marx, o sea, el trabajo asociado. Las teorías
democráticas refuerzan la esdrújula oposición
socialismo y libertad, limitando el socialismo a una referencia ética
que no se realiza completamente en la historia.
Al final no
podemos olvidar que no fue la desviación de la centralidad del trabajo para la
centralidad de la política lo que impidió la construcción de una sociedad
emancipada en Rusia o en los países que la siguieron. Al contrario, lo que
afirmamos aquí es que la ausencia de las condiciones objetivas no permitía la
realización de ese proyecto y determinó ese desvió provocando, en los que
creían en la existencia del socialismo en aquellos países, un alejamiento del
pensamiento de Marx.
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